La IA que atiende
La primera semana pregunta mucho. Al mes ya conoce tus productos, tus plazos y tu forma de hablar. La diferencia con un empleado es que atiende veinte chats a la vez, a las tres de la mañana, y no se olvida de nada de lo que le enseñaste.
Es opcional y se enciende cuando querés. Hoy la usa una de las tiendas que atendemos.
No sale de la caja sabiendo lo que vendés. Se le enseña, igual que a cualquiera que entra — con la ventaja de que lo aprendido queda.
Día uno: lee tu tienda
Se conecta a tu catálogo y a tus pedidos. Desde el primer momento sabe qué vendés, a qué precio, qué hay sin stock y en qué estado está cada compra. Eso no hay que enseñárselo: lo lee.
Primera semana: mira cómo contestás
Arranca solo con las preguntas que tienen una respuesta exacta: dónde está mi pedido, cuánto tarda, cómo pago. Todo lo demás te lo pasa a vos. Y guarda cómo lo resolviste.
Primer mes: ya habla como tu marca
Aprendió las diez o quince preguntas que son el 80% de lo que te escriben, y las contesta con tus palabras. Vos seguís viendo todo y corregís lo que no te gusta; cada corrección la toma.
De ahí en más: se afina sola
Cada mes hay menos chats que te llegan a vos. Los que llegan son los que valen la pena: el reclamo raro, el cliente enojado, la venta grande. El resto ya está resuelto abajo.
Esta es la diferencia con un bot de preguntas y respuestas. No adivina: mira el pedido de esa persona antes de abrir la boca.
Quién es y qué compró
Se conecta con Shopify o Tienda Nube. Sabe todos los pedidos de ese cliente, cuánto gastó y desde cuándo te compra. Si pregunta «¿dónde está lo mío?», ya sabe qué es «lo mío».
En qué estado va el envío
Si tu correo tiene API, consulta el seguimiento en el momento y contesta con el dato de hoy, no con el del último mail. Andreani, OCA y las cadeterías que exponen su sistema entran acá.
Si hay algo trabado
Un pago pendiente, una dirección incompleta, un pedido que quedó sin despachar. Lo ve antes de contestar, así no le dice «ya sale» a alguien cuyo paquete está frenado hace cuatro días.
Qué le dijiste antes
La conversación entera, no el último mensaje. Si el martes le prometiste un descuento, el jueves lo sabe. Es lo que más rompe la confianza cuando falta.
No solo contestar. Estas son cosas que terminan en una acción, que es donde se nota si sirve o si es un chatbot más.
Corregir una dirección mal puesta
El error más caro del ecommerce: el paquete vuelve y el envío se paga dos veces. Cuando el cliente escribe «me equivoqué en el piso», lo corrige en el pedido antes de que salga — y si ya salió, te avisa a vos en vez de prometer algo imposible.
Mandar el comprobante o la etiqueta
Manda imágenes, PDFs y audios, no solo texto. La factura, la foto del producto que pidieron, el código de seguimiento. Y entiende el audio que le mandan, que es como escribe la mitad de la gente.
Empujar un carrito abandonado
Cuando alguien contesta el mensaje de carrito con una duda —«¿tenés talle M?», «¿cuánto sale el envío?»— la responde en el momento. Esa respuesta a los dos minutos es la diferencia entre recuperar la venta y perderla.
Pasarte el chat cuando no le da
Un reclamo, un enojo, una devolución, cualquier cosa que involucre plata que vuelve. Marca el chat, te avisa y se calla. Preferimos que pregunte de más a que invente: un bot que improvisa te cuesta más caro que uno que deriva.
Se apaga por chat, no solo en general
En cualquier conversación tocás un botón y la IA se calla en esa nada más. El resto sigue atendido. Sirve para el cliente delicado, el mayorista, el que ya venías hablando vos.
Ves todo lo que dijo
Sus mensajes aparecen en la misma bandeja que los tuyos, marcados. No hay una consola aparte donde pasan cosas que no viste. Si contestó mal, lo ves y lo corregís ahí.
Si presta atención, sí, y no lo escondemos: contesta demasiado rápido y demasiado bien a cualquier hora. Lo que no va a pasar es que se sienta estafado —no dice ser una persona— ni que se coma una respuesta de robot. Habla como vos le enseñaste.
Está armada para preferir derivarte el chat antes que arriesgar. Igual puede equivocarse, como cualquiera. Por eso todo queda en tu bandeja: lo ves, lo corregís, y esa corrección le queda.
Las primeras semanas conviene mirarla de cerca, igual que a alguien que recién entró. Después se la deja sola.
Solo lo que vos habilites. Si no le diste esa facultad, no la tiene, y cuando alguien pide precio especial te pasa el chat. La plata que sale de tu bolsillo no la decide sola.
Viene incluida en el Plan IA, sin costo por consulta y sin límite hasta las 5.000 órdenes por mes. Arriba de eso lo conversamos, porque ahí ya es otra escala.
Los mensajes de WhatsApp se los pagás a Meta aparte, al costo, los mande ella o los mandes vos. Eso no cambia.
Sí. Se puede dejar en modo espectador: lee los chats y prepara la respuesta, pero no la manda hasta que vos la aprobás. Es la forma sana de arrancar y de ver, sin riesgo, qué tan bien entendió tu negocio.
En una llamada corta la ves contestando preguntas de tus clientes de verdad, con tus pedidos.
EscribinosSe enciende cuando vos querés, y se apaga igual de rápido.